
En 2012, Pauline Potter acaparó titulares tras ser coronada por Guinness como la mujer viva más pesada del mundo, con un peso de 317 kilos (700 libras). Pero una década después, el 24 de enero de 2022, esta mujer de 61 años sorprendió a sus seguidores con una asombrosa pérdida de peso de 227 kilos (500 libras).
La obesidad sigue siendo un problema grave en Estados Unidos; según los CDC, más del 42 % de los adultos eran obesos entre 2017 y 2018. Para Pauline, el récord no era solo una etiqueta, sino una meta. Junto a su entonces esposo, Alex, aceptó el título con entusiasmo. Él adoraba su figura, y ella siguió subiendo de peso para complacerlo.

Se casaron el Día de San Valentín de 2003, tras conocerse en internet. Alex, que pesaba solo 70 kilos (154 libras), le preparaba comidas abundantes y la animaba a engordar. Pauline admitió en una ocasión que se esforzó por alcanzar los 317 kilos (700 libras) solo para mantenerlo feliz.
Pero los médicos advirtieron que ese estilo de vida era peligroso. El Dr. Chris Steele lo calificó de desastre para la salud, afirmando que Pauline estaba arriesgando su vida. Tras el fracaso de su matrimonio, Pauline tuvo que depender de su hijo adolescente, Dillon, para los cuidados básicos, incluyendo la higiene y las tareas diarias.

Fuera de casa, las cosas no eran más fáciles. Se enfrentaba a miradas, comentarios crueles e incluso a personas que le tomaban fotos mientras usaba su scooter eléctrico.
A pesar de todo, Pauline luchó. En 2022, sorprendió a sus seguidores al bajar a 101 kilos. En una inusual publicación de Instagram, celebró su nueva independencia, escribiendo: «Se siente genial no depender más de nadie».

Sus fans inundaron su página con mensajes de cariño: «¡Qué inspiración!», escribió uno. Otro comentó: «¡Te ves increíble!».
Desde tocar fondo hasta convertirse en una inspiración en internet, la historia de Pauline es una aventura increíble, y la prueba de que las remontadas pueden ser más fuertes que la caída.








