Hace apenas unos años, los médicos le dieron a Alexandre solo dos años de vida. En ese momento, tenía poco más de treinta años y pesaba casi 270 kilos.
Tenía sobrepeso desde la infancia: tras una grave enfermedad, los médicos le aconsejaron seguir una dieta estricta, pero ni él ni su familia se tomaron en serio estas recomendaciones.

Donas, dulces, refrescos: todo formaba parte de su dieta diaria.
Con el tiempo, su salud se deterioró rápidamente. Le aparecieron varices en la pierna derecha, sufrió problemas hepáticos y su nivel de hemoglobina descendió a niveles críticos.
Ya no podía dormir acostado, solo sentado. Experimentaba fatiga constante, dificultad para respirar y, finalmente, aislamiento social.
Incluso en casa, todo se derrumbó: su esposa, con quien se había casado cuando ya tenía sobrepeso, declaró que ya no podía vivir así. Se llevó a su hijo y se fue. Su matrimonio terminó en divorcio.

Solo, sin familia ni trabajo estable, Alexandre intentó encontrar cualquier tipo de trabajo. Pero dondequiera que iba, se topaba con rechazos; su peso era un obstáculo, incluso donde no debía serlo.
Entonces compró un coche usado y se convirtió en taxista.
Pasó casi un año así, solo al volante, con pensamientos cada vez más pesados. Intentó bajar de peso: dietas estrictas, retos, recaídas, y luego nuevos intentos.
Pero un día, como diría más tarde, «me cansé de morir lentamente».

Empezó poco a poco: paseos, eliminación del azúcar, agua en lugar de bebidas azucaradas. Luego: nutricionista, dieta controlada, apoyo de comunidades online. Perdió peso de forma lenta pero segura. Después, empezó a hacer ejercicio.
Al principio, apenas aguantaba diez minutos en la cinta. Pero su perseverancia dio sus frutos. Un año después, Alexandre pesaba 130 kg, y seis meses después, 90 kg. Durante este tiempo, cambió no solo su cuerpo, sino también su vida.
Volvió a estudiar y se certificó como entrenador personal, especializándose en ayudar a personas con obesidad.







